El entrenamiento viene genial. Ayer viernes terminé de entrenar y ni me fui a dormir, no. Me duché y a una fiesta, como si fuera un pibe de 20.
La cagué a la madrugada con el famoso "combito y medio" en Mc Donald`s pero no siento culpa con esas cosas y menos ahora que me estoy moviendo tanto. La hora y media de la clase es intensa. Además me lo merecía, trabajé mucho toda la semana. El pescadito para la orca.
Todo viene muy bien. Esto es mucho más efectivo que correr. Proyecto cambios notorios en poco tiempo.
sábado, 16 de abril de 2011
miércoles, 13 de abril de 2011
Morrón y cuenta nueva - 1er episodio - 2da temporada
Volví.
Fluctúo constantemente. A veces entre el bien y el mal. Otras entre el mal y el muy mal. Me gusta comer, no voy a mentir. Correr es un esfuerzo, lo disfrutaba pero no tanto como una milanesa napolitana con fritas y Coca-Cola.
Épocas de comida sana, ejercicio y hacer las cosas bien. Poner los patitos en fila, alineación, chapa y pintura. Tiempos de comida aceitosa, grasienta, deliciosa, pesada. Pisar a los patitos con un camión y que se vayan todos a la puta que los parió. Patitos de mierda.
Si hay algo que no soy es un gordito cobarde que abandona. Cumplo lo que me propongo. Tengo una meta de llegar a los 90 (y pico?) kilos y la voy a cumplir. No tengo idea cuanto estoy pesando ahora porque viví el último mes como si se fuera a acabar la comida del mundo. Y la birra un poco también. Y de más está decir que no estuve yendo a correr.
Pero hoy volví. Hoy me anoté en Muay Thai . Lunes, miércoles y viernes una hora y media por día.
Y fui. Y terminé la clase. Y me gustó. Y casi me muero en un momento, es muy exigente. Pero estuvo genial.
Ya había hecho unos buenos meses hace algunos años, y abandoné, claro. Pero volví porque los gordos cancelan, los gordos abandonan, y los gordos se acobardan; y después callan las voces con Mantecol y Ferrero Rocher (que rico la puta madre).
El Gordo de Mierda no ha muerto. La lucha interna continúa.
El verano que viene me voy a Punta del Este y no me pongo la remera ni en la comisaría, putos.
Fluctúo constantemente. A veces entre el bien y el mal. Otras entre el mal y el muy mal. Me gusta comer, no voy a mentir. Correr es un esfuerzo, lo disfrutaba pero no tanto como una milanesa napolitana con fritas y Coca-Cola.
Épocas de comida sana, ejercicio y hacer las cosas bien. Poner los patitos en fila, alineación, chapa y pintura. Tiempos de comida aceitosa, grasienta, deliciosa, pesada. Pisar a los patitos con un camión y que se vayan todos a la puta que los parió. Patitos de mierda.
Si hay algo que no soy es un gordito cobarde que abandona. Cumplo lo que me propongo. Tengo una meta de llegar a los 90 (y pico?) kilos y la voy a cumplir. No tengo idea cuanto estoy pesando ahora porque viví el último mes como si se fuera a acabar la comida del mundo. Y la birra un poco también. Y de más está decir que no estuve yendo a correr.
Pero hoy volví. Hoy me anoté en Muay Thai . Lunes, miércoles y viernes una hora y media por día.
Y fui. Y terminé la clase. Y me gustó. Y casi me muero en un momento, es muy exigente. Pero estuvo genial.
Ya había hecho unos buenos meses hace algunos años, y abandoné, claro. Pero volví porque los gordos cancelan, los gordos abandonan, y los gordos se acobardan; y después callan las voces con Mantecol y Ferrero Rocher (que rico la puta madre).
El Gordo de Mierda no ha muerto. La lucha interna continúa.
El verano que viene me voy a Punta del Este y no me pongo la remera ni en la comisaría, putos.
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