Volví.
Fluctúo constantemente. A veces entre el bien y el mal. Otras entre el mal y el muy mal. Me gusta comer, no voy a mentir. Correr es un esfuerzo, lo disfrutaba pero no tanto como una milanesa napolitana con fritas y Coca-Cola.
Épocas de comida sana, ejercicio y hacer las cosas bien. Poner los patitos en fila, alineación, chapa y pintura. Tiempos de comida aceitosa, grasienta, deliciosa, pesada. Pisar a los patitos con un camión y que se vayan todos a la puta que los parió. Patitos de mierda.
Si hay algo que no soy es un gordito cobarde que abandona. Cumplo lo que me propongo. Tengo una meta de llegar a los 90 (y pico?) kilos y la voy a cumplir. No tengo idea cuanto estoy pesando ahora porque viví el último mes como si se fuera a acabar la comida del mundo. Y la birra un poco también. Y de más está decir que no estuve yendo a correr.
Pero hoy volví. Hoy me anoté en Muay Thai . Lunes, miércoles y viernes una hora y media por día.
Y fui. Y terminé la clase. Y me gustó. Y casi me muero en un momento, es muy exigente. Pero estuvo genial.
Ya había hecho unos buenos meses hace algunos años, y abandoné, claro. Pero volví porque los gordos cancelan, los gordos abandonan, y los gordos se acobardan; y después callan las voces con Mantecol y Ferrero Rocher (que rico la puta madre).
El Gordo de Mierda no ha muerto. La lucha interna continúa.
El verano que viene me voy a Punta del Este y no me pongo la remera ni en la comisaría, putos.
1 comentario:
#metrose
jaja chabon que fenomeno que sos! Por favor como te banco!
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